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HORIZONTES BORRASCOSOS

Por Alfredo Bielma Villanueva

Desde su nacimiento y a lo largo de su historia el sistema político mexicano ha sobrevivido a fuertes crisis a su interior, provocadas por los ajustes y desajustes de las corrientes políticas que no siempre resultan convergentes; también por los efectos colaterales de las recurrentes crisis económicas cuyo flujo y reflujo repercuten en el aparato político. Sin embargo, este sistema cada seis años ha tenido la capacidad de renovarse manteniendo un permanente acondicionamiento que le ha permitido la sobrevivencia sin sobresaltos violentos aunque sí espectaculares.

Si consideramos que este sistema político nació de la Revolución Mexicana que creó el Pacto Social de 1917, para evitar juicios apriorísticos hagamos un somero recorrido por sus momentos críticos, para lo cual tendremos que partir del punto en que se fundó el Partido Nacional Revolucionario en Querétaro el 4 de marzo de 1929 y desplazarnos a través de la trayectoria de su avatar, el Partido Revolucionario Institucional, que es sin duda un referente histórico fundamental y condición sine qua non para explicar la evolución de este sistema político.

En un entorno plagado de conflictos (la muerte de Obregón, la guerra cristera, etc.), dos acontecimientos destacaron con el nacimiento del PNR: el primero fue la defenestración de Aarón Sáenz como candidato del naciente Partido Nacional Revolucionario a la presidencia de la república en ese marzo de 1929, después de haber sido respaldado el 25 de enero por los membretes de 1250 organizaciones afiliadas para crear al naciente partido; pero a una señal de Plutarco Elías Calles la mayoría de los 950 delegados a la Convención cambiaron sus preferencias hacia Pascual Ortiz Rubio, quien finalmente llegó a la presidencia de la república. Pese a la traición, Sáenz no se rebeló y si en cambio mostró los signos de una disciplina partidista que en el correr de los años ha venido transmitiéndose vía genética al Partido de la Revolución Mexicana y al Partido Revolucionario Institucional.

Justo en los momentos en que nacía el PNR estallaba la llamada rebelión escobarista que promulgó el Plan de Hermosillo, coordinada por Fausto Topete, gobernador de Sonora, Gonzalo Escobar en Coahuila y Jesús M. Aguirre en Veracruz, entre otros. Por el escaso respaldo militar la rebelión fracasó, pero sirvió al gobierno para deshacerse de los militares levantiscos. Crisis superada.  La prueba técnica del PNR fue la oposición que José Vasconcelos y un grupo de aguerridos jóvenes universitarios le hicieron recorriendo la república pronunciando encendidos discursos en contra de la mafia política que, según ellos y Vasconcelos, se había adueñado del poder político. Cuarenta muertos en un mitin vasconcelista en Topilejo y el asesinato de Germán cuando encabezaba una marcha a favor de Vasconcelos eran la muestra de que el grupo encabezado por Calles no iba a entregar el poder fácilmente.

La siguiente crisis se produjo en 1938 por la Nacionalización del Petróleo, pero la nación y el ejército estaban solidarios en torno al presidente Cárdenas, por lo que la rebelión que encabezó el general Saturnino Cedillo, a quien las compañías petroleras habían inducido levantarse en armas, no prosperó y pagó con su vida su osadía.

Pero el sistema fue puesto a dura prueba en la elección presidencial de 1940, cuando el General Juan Andrew Almazán contendió por la presidencia contra el General Manuel Ávila Camacho, candidato del Partido de la Revolución Mexicana, sucesor del PNR. Fue una seria ruptura de la élite gobernante que el sistema político pudo controlar debido en buena medida a que los Estados Unidos no apoyaron al general opositor y porque Manuel Ávila Camacho tenía fama de moderado, un perfil que lo distanciaba del arrebato revolucionario cardenista.

Seis años más tarde, en 1946, se produjo otra crisis aunque de menores dimensiones en la clase política mexicana cuando Ezequiel Padilla Peñaloza, que había sido secretario de relaciones exteriores en el gobierno de Ávila Camacho, se fue a la oposición para contender contra el candidato del naciente Partido Revolucionario Institucional, su ex compañero de gabinete, Miguel Alemán Valdez, quien superó este escollo por amplio margen debido al control político sobre los gobernadores, diputados y senadores logrado desde su cargo en el gobierno avilacamachista.

Pero la crisis más seria al interior de la élite gobernante se produjo en 1952, cuando el general Miguel Enríquez Guzmán se postuló por la Federación de Partidos del Pueblo de México en contra del candidato del PRI, Adolfo Ruiz Cortines. Fue una seria ruptura que el sistema pudo resolver gracias a las complicidades y compromisos políticos que la clase gobernante venía tejiendo tiempo atrás. En la jornada electoral del 6 de julio resultó ganador Ruiz Cortines pero los henriquistas a su vez celebraban también el triunfo de su candidato. El lunes 7 convocaron a un mitin en la Alameda Central y la reacción del gobierno no se hizo esperar pues reprimió aquella demostración de júbilo de quienes supuestamente lo habían vencido. En artículo del 11 de octubre de 1972, en la revista ¡Siempre! Carlos Monsivais habla de 500 muertos en aquella jornada luctuosa. Entre los rumores que corrían prevalecía el de que el general Cárdenas y Miguel Enríquez preparaban levantarse en armas.

Para ese entonces el ejército se había disciplinado a las leyes y a los civiles que gobernaban, motivo por el cual no se temía levantamiento armado alguno; además el propio general Enríquez y su hermano Jorge disfrutaban de las canonjías del poder, vía el contratismo, con ganancias nada desdeñables como para ponerlas en riesgo. Habrá que reconocer al general Miguel Henríquez haber controlado el movimiento de inconformidad entre sus partidarios que insinuaban un levantamiento armado; más aún teniendo conocimiento que las filas de sus partidarios habían sido infiltradas por agitadores profesionales interesados en agitar para provocar la furia y la represión del gobierno.

A partir de este año, 1952, las crisis que siguieron se generaron al interior de la sociedad porque el impulso que la segunda guerra mundial le había dado a la economía nacional iba en descenso, la población crecía, la migración del campo hacia las grandes ciudades aumentaba generando cinturones de miseria, las demandas de la clase trabajadora habían sido largamente aplazadas, de allí que surgiera el movimiento ferrocarrilero de 1958 que aunado al magisterial puso en grave predicamento al gobierno federal, justo en tiempos de cambio de gobierno de Ruiz Cortines a López Mateos. El líder ferrocarrilero Valentín Campa y el dirigente magisterial Otón Salazar fueron encarcelados para desactivar los movimientos de los trabajadores. Después de la represión, la respuesta fue un nuevo modelo de desarrollo implementado por Antonio Ortiz Mena conocido como “desarrollo estabilizador”, el desarrollo equilibrado.

Transcurrieron diez años, y para 1968 el modelo económico ya había dado de sí, el se expresó con el movimiento estudiantil, era un mundo que empezaba a globalizarse y exigía de respuestas nuevas; la revolución cubana estaba allí a la vuelta de la esquina, la guerra fría inquietaba al planeta, las fronteras no impedían el adoctrinamiento ideológico, para la juventud mexicana la URSS y Cuba eran un paradigma a seguir. La crisis estudiantil y su represión dañaron severamente la imagen del presidente Díaz Ordaz, uno de los más convencidos de mantener a toda costa el principio de autoridad, una apreciación errónea que provocó la crisis. Las memorias de Gustavo Díaz Ordaz no fueron publicadas, pero algún día se conocerá más a detalle el enfoque desde el poder de ese trágico episodio de la historia de México. 

Sin duda, ha sido sabio el sistema político mexicano, porque a los diferentes retos ha sabido encontrar las respuestas adecuadas. Así, a las demandas que provocaron los movimientos clasistas en 1958 (ferrocarrileros, maestros, mineros, etc.) respondió con el “desarrollo estabilizador” en lo económico y los diputados de partido en lo político; a las demandas estudiantiles de 1968 que expresaban un fondo social de inconformidad Echeverría contestó con la “apertura democrática” de una reforma política que, aunque tímida, incorporó a la elite gobernante a una generación de jóvenes políticos que relevarían a la llegada del alemanismo; pero como estrategia el populismo no logró resolver totalmente la situación debido a las expectativas creadas sin reflejo en la realidad, sí en cambio complicó el panorama económico.

Para resolver los problemas heredados del populismo, el sucesor de Echeverría, José López Portillo formuló una más profunda reforma política por la que incorporó a la lucha electoral a corrientes político-ideológicas que militaban en la clandestinidad, como el Partido Comunista Mexicano y a toda una gama de expresiones izquierdistas. A partir de allí se expresó un arcoíris pluralista que desfogó las tensiones al interior de la élite gobernante y del sistema político mexicanos. Se puso en práctica en la elección federal de 1979 y sirvió de catarsis para el propio sistema que, sin embargo, se debatía en una tremenda crisis económica que finalmente orientaría el criterio de la sucesión presidencial, según confesión del propio presidente López Portillo. En sus memorias López Portillo afirma que tenía dos cartas para sucederlo, si el problema era político se decidiría por García Paniagua, si era económico, por Miguel de la Madrid.


Marzo 2012




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GOBIERNOS DE VERACRUZ

Por Alfredo Bielma Villanueva

 “Contra Veracruz, nunca tendremos razón”, fue el lema en campaña del gobernador Fernando López Arias (1962-1968); “El Progreso de Veracruz por los Caminos de la Revolución” fue la frase que expresaba la preocupación del gobernador Rafael Murillo Vidal (1968-1974) por hacer realidad en este estado los logros del movimiento armado de 1910; “Unidad y Trabajo” fue la divisa del gobernador Rafael Hernández Ochoa (1974-1980), nacida del problemático entorno en el que se debatía la nación; “Veracruz, Granero y Yunque de la Nación”, fue la consigna del gobernador Agustín Acosta Lagunes (1980-1986) para simbolizar el gran significado que tenía, tiene y tendrá este estado en el contexto nacional por cuanto a que es una potencia (desafortunadamente solo eso, no en acto) alimentaria para el país; “Contra Veracruz nunca tendremos razón” fue la frase que inspiró al gobernador Fernando Gutiérrez Barrios (1986-1992) para expresar la prioridad que los veracruzanos debemos conceder al desarrollo del estado por encima de cualquier diferencia; “Por la Grandeza de Veracruz”, pregonaba en su gira propagandística Patricio Chirinos Calero (1992-1998) quizás confiado en que el presidente Salinas, su amigo, le cumpliría la promesa de apoyar “como nunca”, al Estado de Veracruz; Miguel Alemán Velasco (1998-2004), en la encrucijada de cambio de siglo usó el lema “ Veracruz Avanza”, para dibujar un Veracruz que progresaba a la entrada del siglo XXI. Tomó la figura de Adolfo Ruiz Cortines como paradigma de prudencia y honestidad; “Fidelidad por Veracruz”, fue la frase propagandística que utilizó Fidel Herrera Beltrán (2004-2010) para alcanzar el gobierno de este Estado; (entre otros significados, “Fidelidad” expresa “la capacidad de no engañar, de no traicionar a los demás…es el cumplimiento de la palabra dada”, cruel paradoja); el actual gobernador, Javier Duarte (2010-2016), promulgó el “Vamos para Adelante y Viene lo Mejor”, cuyas expectativas esperamos ver cumplidas.

Ese es el compendio en frases de ocho gobiernos veracruzanos que por el tiempo transcurrido la mayoría ya pueden ser evaluados, en cambio, se requiere de esa perspectiva para calificar a los más recientes. Una evaluación que no es propósito de este breve comentario. Sin embargo…

Aunque Veracruz ha venido avanzando en infraestructura urbana y  carretera, ha multiplicado las instalaciones educativas y de hospitales, ahora tiene autopistas y una que otra carretera adicional a las de hace muchísimos años, etc., cualquiera se preguntará acerca del porqué, ahora que los gobiernos estatales manejan miles de millones de pesos, aún considerando precios corrientes y constantes y el aumento de la población, el avance no se manifiesta en la misma medida en que se percibía en los anteriores gobiernos.

El balance inquieta por la enorme desproporción que existe entre los recursos presupuestales que manejaron, por ejemplo, los gobiernos de López Arias y de Murillo Vidal respecto de los que ejerció el pasado gobierno-2004-2010- (los excedentes petroleros incluidos, el dinero conseguido a través de créditos bancarios y la bursatilización) y los que ejerce el gobierno actual. (López Arias ejerció un presupuesto de 353 millones, 183 mil pesos en su último año de gobierno-1968- y Murillo Vidal al fin de su gestión-1974- ejerció cerca de 700 millones de pesos, contra el presupuesto de 77,950 millones de pesos que manejó el actual gobierno del estado en 2011, aunque por compromisos financieros tuvo que disponer del 22.51% para transferencia de capital, o sea pagar deuda.

“Cuando caiga el último árbol en el Cofre de Perote y del Pico de Orizaba, entonces vamos a empezar a preocuparnos por el futuro de buena parte de este estado”, decía con tono irónico aunque no sin preocupación un inteligente amigo, acucioso observador del acontecer estatal y nacional. La relevancia del tema produjo en automático el cuestionamiento: entonces ¿qué se hizo en aquellos gobiernos y en el actual para evitar la tala inmoderada en el Cofre de Perote, para impedir la contaminación de ríos, arroyos y lagunas veracruzanos hasta casi convertirlos en caños de albañal o en cauces secos? ¿Dónde quedó el esfuerzo (si es que se hizo o se hace) para impedir la extrema pobreza en el campo y las ciudades veracruzanas? ¿Por qué el fracaso de un eje carretero en las condiciones en que se encuentran las vías de comunicación en Veracruz? ¿Qué dejó de hacerse para evitarle a Veracruz la inseguridad que ahora padece? Obviamente, la respuesta tiene que ver con la calidad de los gobiernos que hemos tenido, en la federación y en el estado y los municipios.

En la era del presidencialismo autoritario, del principio de autoridad, era muy difícil cuestionar a la autoridad sin peligro de sufrir alguna represión, no obstante no faltaron quienes desafiando ese riesgo dejaron constancia testimoniada de su arrojo, no fueron pocos por cierto. Por el contrario, ahora, en  la era de la internet,  de la alternancia y de la transición, quienes gobiernan están permanentemente en el ojo del huracán; les toca recoger las varas de los cohetes que tronaron sus antecesores con mucho ruido y pocas nueces, según se ve. Lo que es peor, gobernantes hay que no han adquirido cabal conciencia de que esto ya cambió y prosiguen adoptando actitudes demagógicas con discursos agotados.

La actitud crítica de la ciudadanía parte de la pregunta; ¿A partir de cuándo la política empezó a convertirse en una actividad lúdica de una elite gobernante que privilegió sus propios intereses “de clase” a la solución de los problemas colectivos? Despierta la inquietud porque está en tela de juicio si la generación de políticos que entra al relevo está capacitada para enfrentar al gran reto.

Tal parece que no, según la percepción del empresario Carlos Slim, quien dijo a la revista Forbes que los empresarios resolverían “más fácilmente” los problemas que los políticos: “Creo que los hombres de negocios y los empresarios tienen más experiencia manejando recursos, y podemos resolver los problemas más fácilmente que los políticos, que tienen otras visiones, piensan en elecciones, piensan en popularidad”; buena parte de la ciudadanía mexicana avalaría, no sin reservas, esa hipótesis del empresario “más rico del mundo”,  porque hasta ahora los políticos-o los que se hacen pasar como tales- se han visto impotentes e inoperantes en la solución de los grandes problemas nacionales, estatales y municipales.

Sin duda, el ciudadano veracruzano ha desarrollado un espíritu crítico producto de la transición de un viejo régimen a uno nuevo, forma parte de la dinámica del cambio. En los tiempos que corren la ciudadanía es más participativa y buena parte de ella concibe la democracia no solo como un derecho a elegir autoridades sino a influir en el destino de la cosa pública. Ahora pueden advertirse con meridiana claridad las acciones de un gobierno, así como discernir el contenido del discurso oficial en cuanto a si este se corresponde o no con la realidad. Ahora el crédito de un gobernante se mide por sus resultados, que deben emparejarse con el dinero que se le entrega, relación costo-beneficio, eficiencia, productividad, no por sus discursos.

alfredobielmav@hotmail.com      oterociudadano.com    Marzo 2012










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EFEMÉRIDES POLÍTICAS

Por Alfredo Bielma Villanueva


La reciente ceremonia religiosa del Miércoles de Ceniza suscita la reflexión que debieran seguir como medida terapéutica ciertos actores políticos que no consecuentes con su temporalidad ni su real pequeñez, según los aires de perdonavidas que adoptan se sienten cortados a mano, atenidos a un poder que la sociedad les presta, una condición que les impide advertir la siempre transitoriedad de la vida, tal como lo quiere recordar la imposición de la cruz de ceniza en la celebración religiosa de los cristianos.

Cuentan que en la Roma Clásica, cuando un general romano paseaba su triunfo por las avenidas principales de la Gran Ciudad, junto a él caminaba un esclavo que le recordaba al oído el memento mori (“recuerda que eres mortal y mañana puedes caer, que lo que es signo de gloria de hoy, mañana puede no existir”), para que no olvidara su condición humana, transitoria y frágil, y que al día siguiente podría caer, “recuerda que polvo eres y en polvo te convertirás” dice ahora el sacerdote católico a los fieles de su religión.

Por derivación de ideas, a propósito de la soberbia y de la brevedad del ser, de los mitos del poder y su  angustiante transitoriedad, bien vale la pena recordar a vuelo de pájaro en el corto espacio de un reportaje periodístico algunos episodios de la vida política de nuestro Estado que sirva de asociación a la idea del miércoles de ceniza a través de la pregunta ¿y dónde están aquellos protagonistas? Cenizas, solo cenizas han quedado; de allí la “insoportable levedad del ser” que pintara magistralmente en su novela el escritor checoslovaco Milán Kundera.

En lontananza, situándonos en lo prosaico de este mundo podemos recordar un episodio trascendental de nuestro sistema político mexicano: La Reforma Política de 1977, diseñada por el presidente López Portillo y su brillante secretario de gobernación Jesús Reyes Heroles. Un evento que marca un parteaguas en nuestro desarrollo político por cuanto a que dio lugar a la figura de diputados de representación proporcional y de mayoría relativa. Sustituían a los diputados de partido creados en 1963 por el presidente Adolfo López Mateos y su secretario de gobernación Gustavo Díaz Ordaz.

La primera hornada de diputados de partido salió con la elección presidencial de 1964, mientras que la primera serie de diputados de representación proporcional salió en la elección intermedia de 1979. Por cierto, en esta elección las candidaturas a diputados federales por parte del PRI fue más que sui géneris, al menos en lo que a Veracruz se refiere. La candidata por San Andrés Tuxtla fue Rosa María Campos, no era muy conocida en el lugar pues no es oriunda de esa región; el candidato por Córdoba fue  Silvio Lagos Martínez, nacido en Isla; el candidato por Chicontepec fue Manuel Ramos Gurrión, de Coatzacoalcos; el candidato por Pánuco fue Fidel Herrera Beltrán, nativo de Cosamaloapan.

En 1979 gobernaba a Veracruz el Lic. Rafael Hernández Ochoa (1974-1980), él había arribado al puesto después del famoso “Carbonelazo”, término utilizado para hacer referencia al drama político cuyo protagonista central fue el Licenciado Manuel Carbonel de la Hoz, quien fungiera como poderoso subsecretario del sabio gobernador Rafael Murillo Vidal (1968-1974). Cuatro días después del “destape” de Carbonel como precandidato al gobierno de Veracruz, tras un intenso ir y venir de renombrados políticos venidos del centro del país para “auscultar” y conocer “lo que realmente sucedía en el estado” (supuestamente convulsionado por el lanzamiento de Manuel Carbonel de la Hoz), la candidatura fue descartada, un evento que conmocionó al mundo político nacional.

Desechada la candidatura de Carbonel diversos grupos de políticos veracruzanos se movilizaron para recibir la estafeta que entregaría el gobernador Murillo Vidal. Los nombres de Arturo Llorente González, Eugenio Méndez Docurro, Fluvio Vista Altamirano y Rafael Hernández Ochoa fueron puestos en la vitrina sucesoria. El señalado por la voluntad presidencial fue Don Rafael Hernández Ochoa, era entonces diputado federal, que por cierto había logrado esa posición no sin sobresaltos e incertidumbres, pues en una primera instancia su nombre fue tachado de la lista de candidatos que el gobernador Murillo Vidal presentó en 1973 al secretario de gobernación Mario Moya Palencia. Tras intenso cabildeo, Hernández Ochoa logró la diputación e integró la LI Legislatura (1973-1976), de la que por cierto emergieron tres gobernadores de Veracruz: además de don Rafael, Patricio Chirinos (1992-1998 y Fidel Herrera Beltrán (2004-2010). También figuraron, entre otros, Silverio Alvarado,  José Luís Melgarejo, Delia de la Paz Rebolledo, General Modesto A. Guinar, Rogelio García González, Lilia Bertely, Serafín Domínguez, Manuel Ramos Gurrión, Mario Vargas Saldaña, Demetrio Ruiz Malerva.

Los tres últimos de la lista previa aspiraron, sin conseguirlo, a gobernar Veracruz quedándose en el intento. En el rango del “hubiera”, en 1986 el tuxpeño Demetrio Ruiz Malerva, cercano colaborador y amigo del entonces Secretario de Programación, Carlos Salinas de Gortari, figuraba como fuerte prospecto a ocupar la Secretaría de Gobierno cuando Gutiérrez Barrios tomara posesión de su cargo como gobernador de Veracruz y, por aquella relación, se le mencionaba ya como fuerte prospecto al gobierno veracruzano solo que en una desafortunada confusión fue abatido a tiros en la ciudad de Álamo. La historia está plena de hechos en los que por un segundo esfuerzo, o muchos más que siguen a la primera frustración, son coronados por el éxito, como el de Don Rafael Hernández Ochoa que sin darse por vencido logró ser diputado federal y desde esa posición alcanzó el gobierno veracruzano.

Para quienes lo anterior ya forma parte de la historia, es prudente no olvidar que para otros son meras vivencias o referencias biográficas. El buen observador advertirá que de los nombres aquí citados en la gran mayoría ya no hay constancia de vida física, ahora, aunque parte de la historia, cenizas son. Vale entonces concientizar: “memento, homo, quia pulvis es et in pulverem reverteris”: “acuérdate, hombre, que eres polvo y en polvo te convertiréis”.

alfredobielmav@hotmail.com                   oterociudadano.com

Febrero 2012 




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NO PASA NADA

Por Alfredo Bielma Villanueva


No muchos días atrás circuló la noticia acerca de que el político democristiano Alemán Christian Wulff que se desempeñaba como presidente germano presentó su renuncia al cargo porque “había perdido la confianza del pueblo alemán…por esta razón ya no me es posible ejercer el cargo de presidente en el país y en el exterior como es debido”. La dimisión de Wulff fue provocada por la publicación de indicios que develaron haber recibido canonjías por beneficios dispensados a diversos empresarios.

No es el primer caso de un político que renuncia por motivos de corrupción, no pocos en los Estados Unidos y en Inglaterra han dejado el cargo por estar involucrados en relaciones extramaritales hechas del conocimiento público, un fenómeno social que en México acontece con la frecuencia de las sequías e inundaciones pero aquí no pasa nada.

Pocos días después destacó la noticia de que Paul Babeu, un sheriff de Arizona, había renunciado a la coordinación de la campaña del candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos, Mitt Romney, tras reconocer que había tenido relaciones homosexuales con un migrante mexicano quien lo acusó de amenazarlo con la deportación. Valiente, Paul bebeu aceptó sus preferencias sexuales, aunque negó las acusaciones sobre las amenazas. Se ignora si frente a esas circunstancias también renunciará a sus pretensiones de convertirse en congresista de  su país por el partido republicano, pero, por lo pronto, su caso expresa una de las particularidades más sobresalientes de las actitudes adoptadas por quienes aspiran a un cargo público en el vecino país. (gobernantes.com 19-II-12))

Sin duda son estructuras mentales y políticas muy diferentes a la nuestra, pues aquí las élites gobernantes gustan de pronunciar discursos moralistas contra la corrupción y contra la impunidad declarándose categóricos defensores del “quien la hace la paga”, pero en los hechos son garantes de la más desvergonzada simulación.

Es iterativa la frecuencia con la que en este país escuchamos la pesimista y desilusionada expresión de que “en México no pasa nada, y cuando pasa, tampoco pasa nada”, para traducir la idea de que simulamos en todo, y de que la impunidad, compañera inseparable de la corrupción, es reina de todas las malas conductas y madre de lo mucho de cuanto asunto negativo ocurre en México. En el intento por comprobarlo pudiéramos escarbar así fuera superficialmente en nuestros antecedentes como nación y sacar a relucir infinidad de casos que ejemplificarían lo hasta aquí escrito. Como cuando el asesinato de Colosio, tras del cual inmediatamente se escucharon las consabidas frases de “se investigará hasta las últimas consecuencias, caiga quien caiga”, “no descansaremos hasta descubrir el origen de este magnicidio”, etc. aunque, simultáneamente, en la conciencia popular campeaba la certeza de que nada ocurriría, tal cual sucedió.

Meses después, en septiembre de aquel 1994 asesinaron al diputado Francisco Ruiz Massieu, cuya trayectoria política le auguraba mejores avatares; el crimen nunca fue aclarado pero sirvió para entretener a la opinión pública con noticias que en el fondo solo llevaban la intención de cebar a una ciudadanía ávida de distracción, a falta de pan, circo.

Como bien se dice, la suerte del todo la lleva lo accesorio y, por asociación de ideas deviene la reflexión acerca de cuanto ocurre en la aldea veracruzana relativo al comportamiento de las elites políticas. Algunos casos:

Por la profusión de notas periodísticas relativas a lo que hace el gobierno estatal sabemos que la contraloría implementa el programa “Yo soy honesto”, divulgado principalmente entre educandos de primaria, sin duda todo un acierto porque es en la conciencia rasa del niño en donde mejor se puede sembrar la  semilla de la anticorrupción. Desafortunadamente, la oficina que la instrumenta no vincula ese buen propósito a sus tareas normativas, a juzgar por las elásticas revisiones que lleva a cabo sobre el manejo de las dependencias gubernamentales a las que tiene que evaluar y controlar. Es decir simula con un programa lo que en la práctica omite.

Por caso, se difundió no ha mucho en los medios de comunicación locales la noticia de que el responsable de los bachilleratos de la SEV no cubre el perfil profesional que la ley exige para desempeñar ese cargo. Cierto o no nada se ha informado sobre este particular, la respuesta ha sido el silencio, acaso esperando que el transcurso del tiempo colabore para que todo quede en el olvido.

Otro más, la Auditoría Superior de la federación detectó que el gobierno de Veracruz en tiempos de Fidel Herrera inauguró en 2009 el puente Palo Amarillo-Amayales, sobre el río Atoyac en el municipio de Carrillo Puerto, lo construyó con recursos obtenidos de la bursatilización del impuesto de la tenencia vehicular, la obra se hizo entre el 27 de enero al 11 de octubre de 2009, pero posteriormente aquel gobierno gestionó y obtuvo de la Federación 15 millones 548 mil pesos para la misma obra, que por cierto colapsó por el desbordamiento del río Atoyac el 18 de septiembre de 2010. Nada de esto detectó la revisión de la cuenta pública de ese año, un granito de arroz más en el enorme pantano de la impunidad del que somos testigos los veracruzanos.

Quizás por esta razón y para evitar aquello del que calla otorga, recientemente pudimos observar el indudable poder de gestión que tiene el actual alcalde de Tuxpan, Alberto Silva Ramos, pues para borrar cualquier vestigio del calumnia que algo queda, cuando no habían pasado ocho días de la publicación de la noticia acerca de que el ayuntamiento tuxpeño enfrentaba un extraordinario adeudo a proveedores por la obra pública que realiza, por el gasto en medios de difusión y por onerosos dispendios, logró que en esa ciudad que gobierna se celebrara el Foro Regional denominado “Transparencia de la Gestión Pública Municipal”, con la presencia de la plana mayor del Instituto Veracruzano de Acceso a la Información (IVAI), allí, en voz de uno de sus consejeros, el IVAI reconoció que “El Honorable Ayuntamiento de Tuxpan ocupa entre los 212 municipios del estado, el primer lugar en materia de cumplimiento de las obligaciones de transparencia…obtenida como resultado de la supervisión semestral que realiza este órgano garante”. Cierta o no, esta versión desmiente lo publicado en contra del alcalde. Ahora, lo deseable sería que el IVAI, tan discreto como usualmente se muestra, siguiera similar procedimiento con otros casos y áreas administrativas del actual gobierno con la misma celeridad que aquí se condujo.

La cereza del nada apetitoso pastel que aquí se diseña la encontramos en la información que proporciona el articulista Armando Ortiz respecto de la desaseada administración de los recursos presupuestales en la Secretaría de Turismo del gobierno veracruzano, un reportaje cuyo contenido no deja de asombrar a pesar de que expresa un añejo costumbrismo. Primero, porque revela un descarado abuso del recurso público y, segundo, porque no se informa que se haya iniciado una investigación sobre esta denuncia pública o que, por lo menos, alguno de los involucrados intente un desmentido testimoniado contra lo que abiertamente afirma en su revelador artículo Armando Ortiz y lo ratifica con su firma. De resultar ciertas las sumas millonarias que indebidamente se están embolsando los personajes allí señalados -a quienes de ninguna manera les cuadrarían las cuentas de sus ingresos en un régimen de honestidad y transparencia- sería una ofensa más a la enorme porción de veracruzanos que sobrevive en extrema pobreza y a la que se pretende privilegiar con programas asistenciales que no les remediarán su condición económica.

Pero, claro, como este es el país del no pasa nada, no esperemos que sobre el particular ocurra algo significativo; salvo que por convicción o inspiración se decida que ya es hora de empezar a limpiar la casa de tanto latrocinio con solo aplicar la ley; eso sí, con equidad y género.

alfredobielmav@hotmail.com       oterociudadano.com

Febrero 2012








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TITUBEOS DEPORTIVOS
 

Por Alfredo Bielma Villanueva


Pues si que la tiene difícil el recientemente designado Presidente del Comité Organizador de los XXII Juegos Centroamericanos y del Caribe en 2014, Dionisio Pérez Jácome, quien tendrá que aplicarse a fondo para coronar con éxito una tarea que iniciará con evidente retraso y, lo que es presumiblemente peor, con recursos financieros suministrados a cuentagotas. No caben aquí las criticas insustanciales sobre si Pérez Jácome cubre el perfil deportivo o acerca de qué deporte ha practicado en su vida, porque lo cierto es que tendrá que correr detrás del recurso financiero necesario para cubrir los gastos de construcción y acondicionamiento de estadios y pistas y lanzar saetas, rayos y centellas a los encargados de ejecutarlos, porque la carrera es contra el tiempo.

Fue Fidel Herrera Beltrán en sus tiempos de gobernador quien se esmeró por conseguir la sede de estos juegos para el estado de Veracruz, lo logró después que Jamaica y Guatemala declinaron esa oportunidad. En la celebración de la Asamblea general de la Organización Deportiva Centroamericana y del Caribe el 25 de julio de 2008 se oficializó que Veracruz fuera la sede de esos juegos, y en julio de 2010 Fidel Herrera recibió la Bandera de esa Organización precisamente el día en que se clausuraron en Mayagüez los XXI Juegos Centroamericanos y del Caribe 2010.  Unos juegos cuyo inminente plazo de celebración y la aparente desidia de los organizadores han puesto en qué pensar a los directivos del deporte mexicano.



La observación precedente no es alarmista, mucho menos arbitraria, parte del hecho de que faltan 29 meses para la justa deportiva y no se ve movimiento alguno que señale camino andado. A parte de la renuncia del anterior Presidente de este Comité Organizador, David Velasco Chedraui y la noticia del nombramiento de Pérez Jácome en su lugar, en los hechos poco se sabe pues no existe constancia de avance en la construcción, remodelaciones o acondicionamientos de los estadios, pistas, habitaciones etc., que se requieren para enmarcar estos juegos y que por la premura ya debieran, por lo menos, estar licitándose.



De la labor de David Velasco no es mucho lo que pudiera comentarse, salvo que en abril de 2011 informó que Tuxpan, Córdoba y Orizaba pudieran descartarse como subsedes porque el presidente del Comité Olímpico Mexicano, Felipe Muñoz, opinaba que no son recomendables para los deportistas los viajes largos durante una competencia; también informó que la empresa estadounidense de arquitectos HKS sería la encargada de los estudios relativos a la infraestructura deportiva y que definiría la sede y subsede entre Veracruz y Xalapa; calculó entre 3 mil y cuatro mil millones de pesos el costo de estos juegos. En aquel entonces David Velasco declaró que para julio de 2011 se tendrían definidos “fechas y lugares de competencias”. (Alcalorpolitico.com)



Lo preocupante es que el tiempo está encima y a estas alturas del compromiso no se sabe en donde se construirán los nuevos estadios.



Ni un personaje con la experiencia política y administrativa de Dionisio Pérez Jácome puede estar a salvo de la tensión emocional que despierta este enorme reto, al que magnifica la coyuntura política y económica que viven la nación y el Estado. Según se hizo público en los medios, en el Proyecto presentado para ganar la sede se menciona la construcción de 12 nuevos escenarios, entre los que se encuentran un estadio de atletismo y una Villa Olímpica con capacidad para atender a 5 mil personas, misma que, según el rumor circulante porque no hay información cierta, se piensa construir en los terrenos aledaños al Museo de transporte. Sobre este particular habrá que ver el proyecto porque como todo mundo sabemos ese sector de la ciudad al igual que muchos otros sufre un permanente conflicto vial, de tal manera que si no se acompaña con nuevas y adyacentes vialidades ya podremos imaginarnos el caos que producirá.



Mucho se teme que una de las razones por las que hasta ahora parecían que estaban deshojando la margarita del “se hacen o no se hacen” pudiera ser también el requerimiento financiero, pues bien sabemos los veracruzanos que las finanzas estatales no gozan de cabal salud.



Por otro lado, se presume un manejo nada transparente de 400 millones de pesos que, según notas periodísticas, fueron entregados al gobierno de Herrera Beltrán en 2009 para ser manejados por un Fideicomiso Público de Administración e Inversión para el Desarrollo de la Infraestructura y Equipamiento Deportivo, creado por decreto inserto en la Gaceta Oficial del Estado del 15 de septiembre de ese año.  Hasta el momento en el estado llano veracruzano no estamos enterados de que se haya aplicado ese dinero en algo anexo a los Juegos en comento.



 “Vamos a desarrollar diferentes tipos de instalaciones que van a permitir que los Juegos Centroamericanos y del Caribe Veracruz 2014, sean los mejores en la historia”, acaba de declarar el gobernador Javier Duarte de Ochoa. No podemos poner en tela de duda el deseo del gobernador y ojala que se cumpliera, porque en última instancia ni el prestigio que Pérez Jácome pone en juego lo garantiza si no se actúa de inmediato, dicho sea de paso porque hay una realidad contrastante que nos avisa de focos intensamente rojos provocados por un displicente retraso.



Que todo salga bien es el deseo de los veracruzanos, porque finalmente no es un asunto en el que esta en juego solo el crédito político de un gobernador. Es más que importante porque aquí está en juego el prestigio de un Estado que, como el de Veracruz, lo puebla gente orgullosa de su origen, de su historia y de sus tradiciones, que no merecería ser sometido al trance de una decepcionante organización.



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Febrero 2012














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¿NUEVO PRI?
 
Por Alfredo Bielma Villanueva 

De la parafernalia que caracterizó a la entrega de documentos y registro para convertirse en candidatos del PRI a diputados y senadores se pueden desprender variadas reflexiones: la multitud que los acompañó, las batucadas, las porras y unas que otras matracas despertaron recuerdos de los tiempos idos, de cuando ese edificio vivió sus mejores años, tiempos aquellos en los que pensar en una alternancia evocaba simplemente una utopía. Tiempos de vino y rosa para esa todopoderosa organización partidista, una institución política que fue paradigma en su tipo de cuantas había en Latinoamérica, un interesante caso para el análisis que despertó la curiosidad científica de destacados politólogos.



De estas remembranzas devino la reflexión acerca de si es cierto que hay un  “nuevo PRI”, tal como lo promulgaba durante su efímera presidencia Humberto Moreira quien en múltiples spots con su imagen divulgaba la idea de que las nuevas generaciones de priístas traen ideas jóvenes, modernistas, acerca de la forma de hacer política. Sin embargo la realidad lo contradecía tornando estéril ese discurso, pues Moreira lo proclamaba precisamente cuando sus adversarios políticos lo señalaban de haber dejado una enorme deuda pública a su paso por el gobierno de Coahuila, además de incurrir en el más descarnado nepotismo que pueda verse en una democracia del siglo XXI. Todo esto conforma una constancia categórica de que el PRI realmente no ha cambiado ni en la forma ni en el fondo.



En descargo, debemos aceptar que lo de las matracas, las porras y chiquitibunes pertenecen a nuestra subcultura política, y por lo mismo, con sus respectivos matices, se reproducen en el PAN y en las organizaciones de izquierda. La diferencia está en los procedimientos, en parte inducidos por las características propias de cada organización partidista y el perfil de sus militantes. Agreguemos que, de acuerdo a la tipología de los partidos políticos el PRI es un partido de masas y el PAN es un partido de cuadros; que en las izquierdas aún impera la más simulada de las democracias como tributo a añejos ritos tribales, sobre todo en el PRD, y que el Movimiento Ciudadano y el Partido del Trabajo se manejan como franquicias. Del Verde Ecologista la mención debe ser tangencial porque corresponde a una franquicia familiar con magro respaldo ciudadano. Del Partido Nueva Alianza, pudiera decirse que hace las veces de un sindicato de empresa, que en los tiempos que corren se antoja de un trasnochado corporativismo y que difícilmente es imaginable peor desfase en un país con economía evolucionada.



Pero, ¿Nuevo PRI? ¡Qué va! Allí sigue imperando la disciplina acrítica de una militancia que cuando pierde acude al arrebato que, como a mujer despechada, la conduce de inmediato a otras siglas partidistas; hay una descarada confabulación con cacicazgos regionales, a los que en el discurso combate pero que paradójicamente fortalece violentando aún sus propios estatutos; allí son inocultables las vergonzosas y obvias complicidades con actores políticos a quienes se postula para revestirlos con la impunidad del fuero, y qué decir del irrespetuoso desdén hacia su declaración de principios al postular candidatos política e “ideológicamente” polifacéticos que lo mismo son priístas, que perredistas, verdes o aliancistas, etc. 



En realidad, el pragmatismo que actualmente impera en nuestro sistema político ha provocado que la declaración de principios de cualquiera de los partidos con registro sea un capítulo obsoleto, sistemáticamente soslayado en aras de ganar elecciones, privilegiando el triunfo sin importar los principios. Tal es la razón por la que se postulan en el PRI, al igual que en el PAN, en el PRD y en los otros partidos a ambivalentes actores políticos que han transitado por diferentes siglas; si el aspirante está bien posicionado en las encuestas y tiene capacidad económica para sufragar los gastos adicionales que le permitan el triunfo, no hay historiales que valgan, ese será el candidato.



En estos términos, sin duda si hay un “nuevo” PRI, acomodado a las circunstancias, esas que señalan a una clase política ajena a la sociedad de la que es producto; un partido con amnesia de origen y destino, en su itinerario la Revolución Mexicana solo existe en el discurso y ya no es paradigma toral del PRI, cuyo único interés se centra en ganar las elecciones a como de lugar y a cualquier precio.



Cualquiera puede argumentar que un Partido político se crea para ganar elecciones y acceder al Poder, una tesis irrebatible y tal vez en ese fundamento pudiera radicar el origen del calificativo de “El Nuevo PRI”, e incluso para así acreditarlo dispuso que el ritual para registrar candidatos a diputados y senadores en Veracruz lo oficie un representante del viejo PRI. Generaciones entreveradas será la explicación más aceptable para reconocer la carencia de cuadros confiables, una urdimbre que obliga poner al día aquel celebrado dicho de Cervantes que afirma: “en los nidos de antaño no hay pájaros de hogaño” y ajustarlo por el de “en el nido de hogaño hay pájaros (y muchos) de antaño”. Viejos vicios con nuevas mañas, dicen en el llano.



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Febrero 2012








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CAJA DE PANDORA


Por Alfredo Bielma Villanueva

Ni los más convencidos  y entusiastas apologistas, que sin duda los hay, se atreverían a afirmar que en Veracruz no tenemos motivos para preocuparnos. Con una onerosa deuda pública a cuestas como la que nos heredó el nada ínclito Fidel Herrera y una realidad social, política y económica rayana en la incertidumbre los veracruzanos no acertamos a ver la luz del otro lado del túnel. Desafortunadamente no bastan  para despejar las preocupaciones ciudadanas las  exageradas promesas del discurso oficial, una de ellas, la de terminar con el 50% de la pobreza pues es una meta hacia la que hasta ahora no hemos podido arrancar...y, como se advierten los acontecimientos, en este año difícilmente lograremos encaminarnos hacia ese objetivo.



La realidad nos lo confirma: de los seis años que cubren el término del gobierno encabezado por Javier Duarte de Ochoa el primero se gastó en reorganizar el aparato administrativo, en dilucidar la deuda pública y en diseñar y formular los planes y programas que avisaran del inicio de un nuevo gobierno a partir del segundo año del ejercicio. Pero los continuos ajustes en el personal encargado de las diferentes aéreas de la administración pública han contribuido a crear incertidumbres que provocan retrasos en el arranque y la implementación de las políticas públicas; obsérvese que no hubo un solo mes del primer año de este sexenio en que no haya habido remociones y cambios de servidores públicos.



Se afirma, y no sin razón, que mucho de lo que ahora ocurre en Veracruz es debido a la siniestra herencia del gobierno precedente, pues el legado lleva implícita la necesaria impunidad y ese es un expediente que de alguna manera seguirá gravitando de negativamente sobre la presente administración. Pareciera que a Duarte de Ochoa le tocó en suerte abrir la caja de pandora, de la que han brotado todos los males reflejados en la inseguridad pública, en la incertidumbre de los proveedores del gobierno por cobrar sus servicios, en la deficiente capacidad operativa para manejar la problemática política y en la vinculación con la ciudadanía, que presencia con creciente inquietud lo que acontece.



Colateralmente, debido a la fuerte embestida del crimen organizado el gobierno estatal se ha visto obligado a ceder cotos de poder a la federación a través del programa Veracruz Seguro, de esa manera sus márgenes de operación se ven reducidos a la obra pública que hasta el momento no es significativa.



Visto desde ese contexto, no es posible desligar el proceso electoral en curso ni el compromiso partidista que todo político adquiere para con quienes lo llevaron al poder. Por el número de votantes inscritos en el padrón electoral, el Estado de Veracruz es de vital importancia en el resultado, y no cabe duda que desde el centro otean con preocupación cómo se han reducido los márgenes de operación electoral. En este sentido es muy elocuente, y la experiencia histórica lo confirmará en su momento, de que cuando no se tiene en tiempos electorales disponibles los canales de información y de operación de un cuerpo tan importante como la corporación de tránsito municipal en un enclave relevante como es la conurbación Veracruz- Boca del Río, las acciones se reducen considerablemente y los números son susceptibles cambiar.



El más reciente affaire en el que se ha visto involucrado el gobierno veracruzano referente a los 25 millones de pesos con destino indescifrable para la opinión pública ha tornado las luces de ambarinas a rojo encendido. Si el pasado año no arrojó resultados favorables en la percepción ciudadana, el que cursa desde sus inicios se manifiesta preocupante.



Flota en el ambiente la pregunta acerca de si importa al gobierno estatal entregar buenas cuentas a su partido, porque es alarmante que en la lista de presuntos candidatos aparezcan nombres nada recomendables. Adicionalmente y por si fuera poco, el reciente nombramiento en la dirigencia de un sector tan importante como lo es la CNOP no cayó muy bien ni a la ciudadanía por aquello de la impunidad, ni a la membrecía, principalmente a la femenil, ¿cómo convocar al voto favorable con esos lastres, así quieren ganar? Es la pregunta.



Si bien en lo que corresponde a los candidatos al senado, en Veracruz el PRI tiene en José Yunes Zorrilla y en Héctor Yunes Landa una formula inmejorablemente ganadora, la mejor en muchos años, hasta lo que por ahora se ve, en las candidaturas a diputados el PRI queda mucho a deber; excepto Alejandro Montano, Charleston Hernández, Caballero Rosiñol, Adanery Medina González, Ángela María Perera Gutiérrez y Francisco Cesar Servín que la llevarán bien, en congruencia con nombre y trabajo previo, los demás estarán en pronostico reservado, por supuesto, también estará en función de la oposición que tengan. Si estuviéramos en la lógica de que el candidato presidencial jalará al resto de las candidaturas menos mal, sin embargo, Peña Nieto requerirá de formulas ganadoras que le arrimen, que le sumen votos.



Por otro lado, Felipe Calderón ha demostrado que las puede y bien, que, al margen de su condición de primer mandatario, cuenta con una experiencia electoral, partidista y política de primer orden, nada despreciable si se juzga que está dando una batalla casi sin equipo a su alrededor. Por supuesto, no es David contra Goliat (¿quién es quien?), pero aquellos que presumen que ya está ganada esta elección pudieran llevarse una dolorosa y desagradable sorpresa.



En Veracruz, aunque con aprietos, el PRI ha ganado las últimas elecciones, pero basta con una pequeña sumergida a los números para descubrir que en realidad la preferencia ciudadana está repartida en tres fragmentos, dos de ellos muy equiparables. Por otro lado, bien se sabe que en la actualidad las elecciones se ganan con dinero, pecaría de romántico quien supusiera que la simpatía, el carisma y la ideología llevarán parte protagónica. Un factor más a considerar consiste en que ya no está en Veracruz uno de los mejores mapaches del sistema político mexicano que, como sea, ganó elecciones con alto grado de dificultad, y curiosamente forma parte del dilema, ¿Este proceso electoral abrirá la Caja de Pandora? that is the cuestión



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Febrero 2012

















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